viernes, 26 de febrero de 2016

LECCIONES DE POLÍTICA EN TIEMPOS COMO HOY – SAN AGUSTÍN DESDE “LA CIUDAD DE DIOS” – AUTOR: MANUEL CALLE REYES

LECCIONES DE POLÍTICA EN TIEMPOS COMO HOY – SAN AGUSTÍN DESDE “LA CIUDAD DE DIOS” – 
AUTOR: MANUEL CALLE REYES
Agustín, después de vivir el saqueo de Roma por las tropas de Alarico en el año 410 d.C. se sintió profundamente conmovido por lo ligado entre la Iglesia y el destino del Imperio Romano, que causó tristeza aun en los espíritus más firmes, como es el caso de nuestro autor principal.
Es importante contextualizar los acontecimientos que sucedían en la época de Agustín para así poder entender sus ideas y posturas políticas que tiene el autor africano. Por tal razón, este se dejó caer, sin pretenderlo creo en el

destino de la “ciudad”, puesto que el “mundo” ha sido sacudido y la pregunta es: ¿dónde está Dios?; él, sabe que el Imperio no es eterno, pero le resultaba muy difícil imaginar un mundo sin él, porque este sabía que el fin de uno era el fin del otro -la Iglesia que recién se constituía-; es importante esta última premisa. Después de la catástrofe se empezaba a cuestionar a la doctrina cristiana, lo consideraban nefasto como conducta de Estado, el “dar la otra mejilla a nuestros enemigos”, entonces, la culpa la tienen los emperadores cristianos por observar la religión cristiana y gobernar bajos esos principios y recordaban su pasado como Imperio que imponía a todo y todos; así es como se decide Agustín escribir la “Ciudad de Dios” contra las blasfemias de la época y todos los ataques que venían de los pocos paganos.
Esta obra contiene en sí una vista en conjunto sobre la historia de la humanidad desde la creación de los ángeles hasta los últimos días del mundo. Puedo afirmar que esta obra advierte  el mundo antiguo que agoniza con un cristianismo que incoa y plantea la cuestión sobre las relaciones entre el Estado y la sociedad humana en general, según los principios cristianos, de esta cuestión abordaré. La teología de San Agustín sirvió para definir la separación entre Iglesia y Estado –no hay que olvidar que esa será la discusión a inicios de la edad moderna, y nuestro autor ya se anticipaba con mucho antelación a este desafío que abordara la Iglesia en su momento- porque propone, sobre una nueva forma de sociedad civil, impulsar los valores de la doctrina cristiana y deja de manifiesto los siguientes conceptos: Estado –que no debe ser muy extenso-, vida de la ciudad, esclavitud –que está ligada y relacionada a las guerras-, la familia –que debe ser de “clase media”-, las guerras –producto de la infelicidad del hombre-, el poder –debe estar en las manos de los buenos-, la justicia – un reino sin justicia es una banda de ladrones-, entre otros.
Nuestro autor de Hipona marcó el pensamiento político medieval, porque nos dice que el que gobierna debe guiarse por principios altruistas, hay que recordar que se tenía el pensamiento de la ley del fuerte que poco a poco cedía al estilo cristiano.  Se da cuenta que hay una pérdida de poder político (saqueos de Roma del  410) ha polarizado a la Iglesia con el orden político, porque este desde que se ha cristianizado no da una respuesta contundente a los invasores paganos, se busca como culpable a la Iglesia con su doctrina permisiva, según sus críticos de la época. El Padre Latino subraya en su obra que lo político debe estar tejido a una búsqueda de ORDEN (ordo total) como principio jerárquico y distributivo, que tiene como principio mayor al principio sustentable de todo, el AMOR (Libro XI Cap. 18, 22 y Libro XII, Cap. 2, 4), donde nos subraya que ORDO EST AMORIS y este da como resultado la PAZ. Entonces, aquí nos da un principio muy importante que requieren los países con una estabilidad enclenque, débil, puesto que, este subraya los principios que debe tener una nación para construir y constituir todas sus instituciones: orden, amor (bien-justicia) y estos nos traerán paz, porque una república con muchos ciudadanos, deseos diferentes, es difícil de gobernar en sí, incluso si el dignatario que le toca gobernar no tiene en “orden” lo que desea para el Estado y no está impregnado de lo qué es la justicia y de poseer en sí el deseo infinito de bien, de verdad; a la sazón, gobernar para este será un caos porque dentro de él en sí lo está y atropellará a las instituciones o en todo caso no le importará tener instituciones consolidadas porque no tiene una mente ordenadora que solo es impulsada por todo aquel que persigue el bien y lo hace realidad en la justicia bajo el impulso del amor que ordena. Este Doctor de la Iglesia nos recalca además, que una República es una multitud de seres racionales unidos por el compañerismo y unidos a un “mismo objetivo” (Libro XIX, 24).
La Ciudad de Dios, es una imagen de la visión del mundo desde el cristianismo, donde el Estado conoce o debe conocer “la psicología de la masa”, masa que busca orden aunque esta a veces sea caprichosa, entonces, la tarea de los gobernantes y de la clase política debe ser tener una actitud, UNA VOLUNTAD ORDENADORA para contrarrestar el caos que desencadena en sí la masa. Por ello, el Estado como sumo bien debe luchar contra el mal, que es parte de la historia de la humanidad, pero que esta ha sido siempre vencida por Dios y los hombres de buena voluntad. Ahí nuestro Doctor de la gracia manifiesta la importancia de la Autoridad “autoritas”, que viene de Dios, de su providencia, que unida la autoridad y el poder tienen como misión el servicio de dirección, es decir, gobernar no es un servicio ni nada, es cuestión de CUALIDADES, porque hay que tener cualidades para gobernar con autoridad, la masa suele obedecer al que contiene en si el Bien y el orden, entonces, la misión de la autoridad debe ser justa y así debe ser el titular de esta, tener una búsqueda de justicia, no siempre complacer al pueblo, porque esta nos puede llevar a la decadencia. Resalta que la misión de la autoridad que tiene poder es el servicio de aconsejar, porque SERVICIO es igual a BENEFICIO, así se ayuda al pueblo, ahora entendemos ¿por qué hay tanta apatía por parte de la población de su clase política? Porque no percibe en ella que el poder que le concede a través de la democracia o las urnas se devuelva en beneficio general, sino lo divisa como que estos ostentan el poder para defender a grupos o a su merced exclusivamente personal, esa es también una razón por su “dejadez” en interesarse por el asunto político. Hoy se desobedece a la autoridad porque no ve en estos los lineamientos que de alguna u otra forma debe tener una autoridad elegida, entonces, lo desobedece porque constata que no lo lleva al bien, que no sirve, que solo busca complacer sus cuenta bancarias y sus intereses subalternos, por tanto, al no advertir que la autoridad tenga esas “cualidades”, la rechaza y entramos a una atmosfera de caos, desorden y anarquía absoluta, donde nadie respeta a la ley ni mucho menos a los que dicen “representar a la ley”; y esto es muy peligroso, porque puede producir guerras en especial las “internas”, porque al no llevar a cabo una distribución de la riqueza de manera equitativa, con justicia, podrá tener y hacerse un “caldo de cultivo” para  desencadenar una guerra interna –terrorismo genocida- que ya el Perú ha padecido en más de dos décadas, pero que muy poco se ha aprendido de ello, si ni siquiera somos capaces como nación, como sociedad civilizada, poder llevar a cabo con prontitud los desafíos de la CVR para poder reconciliarnos como nación unida, que logre sentir el dolor del otro que sufrió por culpa de la injusticia y la decidía de las autoridades, que se escucha o que nos escuchemos y emprender los retos para afrontar los desafíos que serán “nuestros”. El Doctor de la Iglesia nos dice que “todos los hombres, aun con la guerra busca la paz, pero ninguno con la paz busca la guerra” (Libro XIX Cap. 12). Pienso, que allí debe incorporarse el principio de JUSTICIAcuyo oficio primario es dar a cada uno lo que es suyo (con lo cual mantiene en el hombre un orden justo de la naturaleza, que el alma esté sujeta a Dios y el cuerpo al alma, y, consiguientemente, el alma y el cuerpo a Dios)” (Libro XIX Cap. 4). Sin justicia, se rompe el orden natural que relaciona las partes con su TODO y esto conlleva a la desgracia-, al caos, a la anarquía que solo trae “mal” –la corrupción que se ha corroído en todos los estratos de la sociedad- .
Agustín nos exhorta a interesarnos de la Política en nuestra vida cotidiana porque “lo que dicen que la vida del sabio es política y sociable, también nosotros lo aprobamos y confirmamos con más solidez que ellos” (Libro XIX Cap. 5) esto es vivir rectamente en la sociedad, involucrándose en el quehacer y vida de la ciudad, no se puede permanecer en estado de un ermitaño frente a la política, porque este es el quehacer donde los que se involucran, logran confirmar en sí mediante su tarea en la sociedad, el fin último por la cual está inmersa que es contribuir, dar su aporte a la “ciudad”, dejar su legado, su trascendencia, su realización social; porque “si la casa, pues, que es en los males de esta vida el común refugio, no está segura, ¿qué será la CIUDAD, la cual, cuanto es mayor tanto más llena está de pleitos y cuestiones cuando no de discordias, que suelen llevar a turbulencias muchas veces sangrientas, o a guerras civiles… pero de los peligros nunca?” (Libro XIX Cap. 5). Nos está diciendo que no deben ser muy extensas las ciudades, porque difícil será el control en estas, tal como también lo señalaba Aristóteles en su obra “Política”, además, Agustín dice que “por la abundancia de los pecados se resfría la caridad” (Libro XIX, Cap. 8), hoy el mundo globalizado habla de “megametrópolis” pero estos deben ser organizados de tal forma que todos se sientan incluidos y para ello es muy importante trazar límites geográficos de acuerdo a la cantidad de población, a sus necesidades y tomando en cuenta los recursos que esta posee. Es de vital importancia que en el Perú se continúe la discusión de llevar a cabo el proceso de Regionalización pero mediante las “macroregiones”, con esa línea divisoria que contenga en efecto, parte de costa, sierra y selva con salida al mar, respetando sus puntos de concordancia y acordando las diferencias, pero que debe llevarse a cabo lo más pronto posible. Hoy vemos como se ha “resfriado la caridad”, cada región piensa que los recursos que esta posee solo le pertenece en exclusividad no pensando en el plano de bienestar general, como también Lima cree tener siempre la mayor parte de lo que se encuentra en cada región del país, se tiene que poner en orden esas prioridades. Los grandes conflictos sociales que ha padecido el Perú en la última década ha sido por tener a un gobernante estadista y a un Congreso que no aborda los intereses nacionales con hidalguía sino ha dejado “enfriar” el asunto cada vez que hace peligrar sus “pretensiones particulares o de partido” por temor a un rechazo de la población de esa zona, en vez de pensar en el prosperidad general.
Hay un dicho popular que dice “el hábito no hace al monje” y Agustín refiere eso cuando menciona que el hombre justo y benigno que tiene a cargo el gobierno, dice que “la casa del hombre debe ser principio o una partecita de la ciudad” (Libro XIX Cap. 16), este se refiere que la ordenada concordia entre sí de los cohabitantes, se debe a una ordenada concordia en el mandar y obedecer, por consiguiente, ha de tomar de la ley de la ciudad la regla para gobernar su casa, de forma que la acomode a la paz y tranquilidad de la ciudad; a ningún padre de familia le conviene el conflicto familiar, menos aún si este es gobernante, debe llevar ese “pedacito” de realidad que le gusta vivir a la ciudad, es su desafío, pero si este no tiene en cuenta dicho aspecto, no es capaz siquiera de ordenar o gobernar su familia, mucho menos es el indicado para poder gobernar la ciudad o la nación entera.
El autor de la Ciudad de Dios hace una distinción entre PUEBLO y REPÙBLICA, nos dice que el primero, “es una congregación de muchas personas, unidas entre sí con la comunión y conformidad de los objetos que ama…” (Libro XIX Cap. 24) en tanto, que la República “es una congregación organizada y compuesta de muchas personas, unida entre sí con la comunión y concordia de las cosas que ama” (Libro XIX Cap. 24). La tarea y el desafío de los gobernantes es hacer que el pueblo se sienta y convierta en una verdadera República, que ame sus instituciones, que tenga identidad con estas, que perciba en la realidad que esta la representa, que se sienta incluido en ella y  conciba los valores democráticos para que pueda introducirlo dentro de su yo y con una posterior educación compenetrar a la familia y esta a su vez, se constatará en la sociedad como tarea final, porque la paz es propia de nosotros, solo que ante el desorden y la injusticia se nos es arrebatado, no creo en la visión negativa que se tiene del hombre (Hobbes) de que este es malo por naturaleza, como tampoco en su infinita bondad y es la sociedad que la corrompe (Locke), creo en el punto intermedio, que el hombre tiene desproporción pero es un ser perfectible y que la educación es la única que puede inclinarlo al bien, pero esta debe partir desde nuestras autoridades para que se enquiste en la sociedad en general.
La lección final que nos pueda dar Agustín en este breve trabajo, es que los políticos han “olvidado” su rol en la sociedad, puesto que no buscan el BIEN COMÙN; estos buscan más privilegiar a las oligarquías, los grupos de poder, no tienen una concepción de la realidad de manera traslucida, y terminan traicionando su misión, los pocos que sí cuentan con esa “convicción”, siempre he pensado que la gente incauta, entiéndanse por los improvisados que candidatean como políticos, dice lo que imagina, y no lo que sabe o es. Cuidado que con la abundancia de tanto “político” improvisado se resfría la paciencia del pueblo, y entremos a una escena de conflicto serio donde las ideologías totalitarias se presentan como alternativas ante la indignación de la sociedad y hagamos saltos al vacío donde el retorno es difícil. Finalmente, quiero decir que la democracia en el Perú se ha resumido en adorar o tributar las virtudes de los hombres muertos pero hay muy poco en la vida práctica y real.

Autor: Manuel Calle Reyes.
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